• febrero 11, 2026 • Actualidad Columna
GACKT en Chile: la deuda histórica del J-Rock saldada con una noche de catarsis y memoria
Para entender la magnitud de lo ocurrido el pasado lunes 9 de febrero de 2026 en el Teatro Caupolicán, es casi un requisito haber sido parte de esa resistencia cultural que, hace más de veinte años, consumía música a través de cassettes copiados y videoclips grabados entre comerciales de la televisión chilena.
El debut de GACKT en suelo chileno no fue solo un concierto; fue la culminación de un sueño colectivo que recompensó a una audiencia que mantuvo viva la llama del J-Music contra todo pronóstico.
Un repertorio sólido con una ejecución vocal que desafía el tiempo
La encargada de abrir los fuegos fue la artista nacional Karla Grunewaldt, quien asumió el desafío con una seguridad notable. Su presentación funcionó como una antesala emocional perfecta, entregando un setlist introspectivo que culminó con una sorpresa: una versión propia de “Mizérable”, interpretada con respeto y recibida como un gesto de complicidad hacia el público.
Cuando las luces se apagaron pasadas las 20:00 horas, la tensión se transformó en euforia. La entrada de GACKT junto a su banda YELLOW FRIED CHICKENz, luciendo un estilizado atuendo militar y una estética que evocaba su era en Malice Mizer, confirmó que la espera había terminado.
El repertorio fue un equilibrio inteligente entre su etapa solista y la potencia de YFCz. Temas como “Speed Master” desataron la energía pura , mientras que “Vanilla” se alzó como el momento devastador de la noche, logrando una comunión total entre la banda y un público que coreaba cada palabra. La banda de soporte, compuesta por figuras como Chachamaru y MIA, se alimentó visiblemente de la energía chilena, sonriendo ante la respuesta masiva.

El fenómeno “Mizérable”: un cierre argumental perfecto para el fan
Argumentalmente, el concierto tuvo un hilo conductor emocional centrado en “Mizérable”. Este tema, que marcó su consolidación como solista tras Malice Mizer , había sido tocado previamente en la prueba de sonido para los VIP, generando un impacto inmediato.
Aunque el setlist oficial parecía cerrado tras el encore con “Mata, Koko de Aimasho”, el público del Caupolicán no estaba listo para irse. La presión y los gritos pidiendo la canción fueron tales que GACKT, visiblemente emocionado, rompió el protocolo. Cuando sonaron los primeros violines, el recinto viajó instantáneamente a 1999. Fue un gesto histórico, considerando que el artista rara vez interpreta esta canción fuera de círculos exclusivos.

En conclusión, la gira latinoamericana, que ya había dejado huella en México y Brasil, encontró en Santiago su cierre estratégico y emocional.
GACKT demostró que existe un mercado maduro y apasionado en la región. La noche del 9 de febrero queda registrada no solo como un espectáculo de alta factura, sino como la prueba tangible de que la conexión entre Japón y Latinoamérica está más viva que nunca.
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